Los misioneros llegados al Perú vinieron como parte del proceso expansivo que le tocó vivir a la orden en Europa, donde había ido echando raíces gracias a los colegios que, pese a no haber estado en el origen de la inspiración de san Ignacio, terminaron siendo los ejes de acción de la Compañía. Si bien su dedicación a la educación es lo que más impregnó el imaginario de Occidente, lo cierto es que los jesuitas deben su origen a un impulso misionero que surge en el contexto de la crisis eclesial del siglo XVI.