Sílex Vol. 16, Nº 1, enero - junio 2026 pp. 214-217
e-ISSN: 2789-2816
https://doi.org/10.53870/silex.2026161459
Fecha de recepción: 16/11/2025
Fecha de aceptación: 17/11/2025

Guillermo Zermeño Padilla. Historiografía, temporalidad y saber histórico. Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2025, 310 pp.

Guillermo Zermeño Padilla. Historiography, Temporality, and Historical Knowledge. Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2025, 310 pp.

Ricardo L. Falla Carrillo

Universidad Antonio Ruiz de Montoya. Lima, Perú

ORCID: https://orcid.org/0000-0002-7892-0232

Contacto: ricardo.falla@uarm.pe

El profesor Guillermo Zermeño Padilla, en su obra Historiografía, temporalidad y saber histórico (2025), se adentra en las encrucijadas epistemológicas que han moldeado la disciplina histórica, trazando un recorrido crítico desde la emergencia del archivo en la modernidad hasta la crisis de las grandes narrativas totalizadoras del siglo XX. El libro no es solamente un recuento de la historiografía, sino una profunda "arqueología de los saberes modernos" (Zermeño Padilla, 2025, p. 233) que pone al descubierto los cimientos sobre los cuales se ha erigido el oficio del historiador profesional, al tiempo que lo somete a una rigurosa revisión conceptual. La tesis central de Zermeño Padilla gravita en torno a la necesidad de "situar en el centro a la historiografía" (2025, p. 17), transformándola de un espacio subsidiario a un campo de reflexión esencial que no solo estudia el pasado, sino que examina las condiciones de posibilidad y los límites cognitivos de su propia praxis. Este esfuerzo se articula mediante el análisis de la temporalidad, demostrando que el problema del pasado es, en esencia, un problema del futuro y del presente en constante renegociación.

El primer gran tema que aborda la obra es la invención del historiador moderno y su intrínseca relación con el archivo. Zermeño Padilla explora cómo, a partir del siglo XVIII, la noción de archivo muta de un instrumento de gobierno y un baluarte legal —diseñado para la "salvaguarda del orden legal" y como "instrumento de gobierno" (2025, p. 30)— a un campo de estudio para la historia anticuaria y, finalmente, al laboratorio empírico de la historiografía científica. Esta fusión de archivo e historia, impulsada por la Ilustración y el Romanticismo, se consolida con el surgimiento del Estado-nación. La obra destaca la figura de Leopold Von Ranke, cuyo ideal de "mostrar las cosas tal como sucedieron" (2025, p. 91) se convirtió en el programa fundacional de la profesionalización. Sin embargo, Zermeño Padilla matiza esta ortodoxia al integrar la figura de Johann Gustav Droysen. Droysen, desde la lógica de la psicología experimental, fue pionero en dotar al saber histórico de un estatuto científico autónomo, concibiéndolo como un arte de la memoria que "busca descubrir el fundamento científico de la historia no en la física, sino en la historia misma, en la historia moral o de la cultura" (2025, p. 116). Este contrapunto es crucial, pues adelanta la discusión sobre la tensión entre explicación causal (Ranke) y comprensión (Droysen) que marcará el siglo siguiente.

El segundo cuerpo de la obra se enfoca en la profunda "crisis de los historicismos" (2025, p. 129) a mediados del siglo XX, un periodo marcado por el colapso de las teleologías históricas y el auge de la filosofía analítica del lenguaje. Zermeño Padilla examina la crítica de Karl Popper al historicismo como la creencia errónea en la predictibilidad social, un argumento que resuena con la lógica de Arthur C. Danto. Danto, al analizar las oraciones narrativas, concluye que la historia no puede ser una ciencia nomológico-deductiva porque toda explicación del pasado se construye retrospectivamente, desde un futuro ya conocido por el historiador, pero ignorado por el actor original. Como señala Zermeño Padilla (2025) al parafrasear la lógica dantoniana:

El futuro, como el factor ignorado al momento de la acción, se constituye en el verdadero motor de la historia como conocimiento. La ignorancia de los efectos futuros de toda acción señala, a su vez, sus propios límites, mismos que incentivan la curiosidad por saber qué y, sobre todo, cómo pasó. Así, el mundo solo llega a ser objeto de conocimiento cuando se abre una distancia entre él y partes de él (pp. 147-148).

Esta imposibilidad de conciliar la libertad de la acción humana con leyes históricas universales desarma la pretensión de la historia filosófica y reposiciona al historiador no como un juez omnisciente, sino como un narrador que, al "acceder retrospectivamente por la mediación de un saber histórico preformado" (2025, p. 149), solo puede ofrecer totalidades explicativas parciales y relativas.

La obra profundiza en esta deconstrucción con las aportaciones de Siegfried Kracauer y Michel de Certeau, quienes exploran una historia "a ras del suelo" y el retorno del acontecimiento. Kracauer, pensando desde la experiencia del exilio y el cine, cuestiona la idea de un "presente líquido" (2025, p. 169) y postula que la historiografía se sitúa en un espacio intermedio, una suerte de anteroom o antesala entre el pasado y el presente. Para Kracauer, la historia, al igual que la fotografía, se asemeja a un acto de "extrañamiento (Entfremdung) o distanciamiento con respecto a lo ya conocido" (2025, p. 182), donde el historiador opera como un "pepenador" o "chiffonnier mélancolique" (2025, p. 173), recogiendo fragmentos y desperdicios para construir relatos discontinuos. De Certeau, por su parte, radicaliza la historicidad del sujeto y la práctica, concibiendo el trabajo del historiador como un "viaje abrahámico, sin regreso al punto de partida" (2025, p. 197). Su estudio de La posesión de Loudun (1970) es un ejemplo paradigmático de la historia cultural, en el que la "ausencia de lo cual surge el deseo de ese saber de 'lo otro'" (2025, p. 202) se convierte en el motor de la investigación, desafiando la ortodoxia braudeliana al reintroducir el acontecimiento como aquello que rompe la estructura y "modifica a la historia" (2025, p. 203).

Finalmente, Zermeño Padilla reflexiona sobre la relación problemática entre historiografía y política, y la necesidad de una nueva noción de crítica histórica. El autor destaca que, si bien la profesionalización buscó separar la historia de los intereses partidistas, el discurso histórico sigue siendo un campo de fuerza donde los historiadores, al escribir y al narrar, actúan como "intermediarios de la cultura política" (2025, p. 223), forjando la identidad nacional y cultural. La perdurabilidad de la "historia como tribunal de justicia" (2025, p. 221) demuestra que la aspiración a la objetividad es un horizonte inalcanzable, pues "toda narración, transmitida, relatada, en ese sentido, se traza a partir de un conjunto estratificado de tiempos que se transmite consciente o inconscientemente y se reinstaura de nuevo una y otra vez" (2025, p. 238). La solución no está en eliminar el sujeto o la subjetividad, sino en aceptar la condición de la historiografía como "una forma de comunicación" (2025, p. 246) que opera en la "ambigüedad y la polivalencia" (2025, p. 243) del lenguaje, cuyo valor reside en la pertinencia de la pregunta que lanza sobre el pasado y el presente.

Como se puede apreciar, Historiografía, temporalidad y saber histórico es un ejercicio de metahistoria indispensable para entender la disciplina en el siglo XXI. Zermeño Padilla no solo cataloga las ideas del pasado, sino que las somete a un juicio contemporáneo, proponiendo que la historiografía debe asumir su carácter de saber sistemático y codificado (2025, p. 277) que, aunque no alcanza la verdad absoluta, es vital para comprender la complejidad del presente. Al integrar las perspectivas de la filosofía analítica, la teoría crítica (Kracauer) y la antropología histórica (Certeau), el autor ofrece una caja de herramientas conceptuales para una generación de historiadores que debe operar en un mundo de discursos fragmentados y aceleración temporal, donde el pasado, como "un recuerdo imborrable" (2025, p. 72), es la única certeza en medio de la incertidumbre. Este texto se erige como una pieza fundamental para cualquier interesado en los límites y el porvenir de la disciplina histórica, y sus intersecciones con la filosofía y otros campos afines del saber.

Referencia

Zermeño, G. (2025). Historiografía, temporalidad y saber histórico. Prensas de la Universidad de Zaragoza.